La Cosa se pone seria

La cosa se pone seria

Después de ir al cine a la última película de Star Wars“Los últimos Jedi”, y tras ver en casa los últimos blu-ray de Marvel Cómics, “Thor: Ragnarok”, y de DC Cómics, “Liga de la Justicia”, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la cosa se pone seria…

Señores de Disney y Warner, sé que títulos como “Deadpool”, “Guardianes de la Galaxia” e incluso “Ant-Man” han triunfado porque consiguieron entretener y divertir al gran público con una importante carga de humor, pero la fórmula mágica no tiene que ser la misma para todas las películas.

Hay personajes o sagas que no están hechas para ese humor tonto metido con calzador que intenta enganchar a un público joven y así sumar más adeptos que consuman sus productos. Sí, lo dice alguien que fue en su día a ver “Torrente” o “Austin Powers: La espía que me achuchó”, y salió del cine encantado de la vida. La diferencia reside en que se sabía que esas películas, o las típicas Spoof Movies, se basaban en ese humor absurdo y a veces tan políticamente incorrecto.

Pues que sepan que demasiado alivio cómico convierten una película en una parodia, que en mi caso además me saca absolutamente de la trama o la tensión creada anteriormente.

La de Thor podría haber sido de las mejores películas de Marvel, cosa que siempre se dice al terminar de ver la última de turno de Marvel Studios, y es que mezclar los Ragnarok publicados con el Planet Hulk y hacerlo todo con un estilo muy Kirby da mucho juego, pero al final es una película que se ríe de si misma, de sus personajes y de los amantes del cómic.

Así que avisados quedáis, pues la cosa se pone seria…

La Cosa se pone seria

“Nuff said” (Stan Lee)

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George Lucas y Jar Jar Binks

Cuidado “Haters”, que llegan los “Lovers”

No me gustan nada los “haters”. De hecho… ¡les odio!

Chiste malo aparte, es bastante preocupante y triste lo que está pasando en las redes sociales los últimos años, y que poco a poco se está trasladando a la vida real (alguno todavía pensará que su Instagram refleja su día a día normal…). Y es que yo creo firmemente en la libertad de expresión, en poder opinar de todo y no siempre de manera positiva o complaciente con el oyente o lector, pero cuando estos comentarios llegan a la burla, rozan el insulto, o simplemente pretenden transmitir y contagiar mal rollo de manera gratuita… ya no.

Por poco que me guste, todos llevamos dentro un pequeño “hater”; el mío no puede ni con el reggaeton ni con CR7. Cualquier argumento o comentario a favor de estos dos temas intento resolverlos con la mejor educación posible, aunque reconozco que con el portugués me cuesta bastante.

Como todo en esta vida tiene su contrapartida, ha aparecido una nueva especie en Internet, y por ende en la vida real, los llamados “lovers”.

Posiblemente ya existieran, es probable que simplemente estuvieran hibernando, y que tras el estreno del Episodio VIII de Star Wars, y viendo la horda de “haters” que se lanzaron al cuello del director Rian Johnson o despotricaron lo que quisieron y más sobre la película, salieran de su estado de animación suspendida para defender con uñas y dientes, lo que para ellos era toda una injusticia (será que no hay cosas mejores por las que encenderse que el fútbol o el cine).

George Lucas y Jar Jar Binks

George Lucas y Jar Jar Binks

Pues bien, tanto unos como otros me dan una pereza tremenda. Creo que la forma sana de criticar una película es exponiendo si te ha entretenido, qué cosas te han gustado y cuáles no, etcétera. Vamos, la escala de grises de toda la vida. Los extremos son malos señores, más aún cuando se va por la vida como burros con orejeras.

“Que si la película busca un público más joven”, “que si el director ha sido muy valiente”, “que si la saga no es tuya y no eres un Jedi para decir que poderes existen y cuales no” (ejemplo de “lover” a la ofensiva), “que si perdonarnos la vida a los que nos ha gustado la película” (ejemplo de “lover” llorón), “que si patatín y patatán” (ejemplo de “lover” sin agumentos).

Yo salí del cine cabreado, me sentía estafado, pero no porque pensara que se habían meado en mi saga favorita y encima me habían hecho pagar por verlo, sino porque es muy mala como película: abusa del cliffhanger en momentos de tensión, del Deus ex-machina para salvar a los protagonistas o la trama, del humor (no tengo problemas con ciertas bromas, pero hay demasiadas y algunas son muy absurdas y fuera de lugar), tiene el Macguffin más absurdo que he visto en años (más propio de “Spaceballs” y su velocidad absurda que de “Star Wars”), incoherencias por doquier y crea tramas de relleno para alcanzar el cupo en pantalla de según qué actores (es la película más larga de toda la saga y eso que recortaron mucho metraje).

Sí, sé que me he “tirado el pisto” a lo bestia con todos esos términos de cine (alguno lo he tenido que buscar en Google para ver si los estaba usando correctamente), también sé que todo lo anterior es un mal endémico de las películas y series actuales. Pero que el árbol no os impida ver el bosque, Simplemente quiero decir que todas esas cosas me han ido sacando de la película y no me han dejado disfrutar de todo lo bueno que sí tiene: de una trama Jedi muy interesante, de unos efectos especiales brutales e innovadores, de la vuelta de John Williams a la saga, de unos combates y coreografías de lucha inmejorables y unas trepidantes batallas que te dejan con el corazón en un puño.

Me han llegado a llamar hasta “hater” después de argumentar todo esto… A mí, que incluso he defendido, dentro de lo razonable, el Episodio I. Señores por favor, que yo sí distingo la escala de grises. Os podría decir al menos cinco cosas que me encantan y otras cinco que no me gustan nada de las 9 películas que llevamos vistas. De las clásicas, de las precuelas y de las modernas; de todas.

En serio, me parece genial si te ha gustado la película, me he alegrado por todos mis amigos que la han disfrutado; por desgracia yo no he tenido esa suerte. Además del hecho de que respeto los gustos de la gente, porque todos tenemos nuestro cajón de sastre y nuestros placeres culpables. Así que chicos, no me seáis “lovers”, que eso como mínimo os lleva directos al lado oscuro… de mi corazón.

Extremoduro - Material Defectuoso

Definición de amor

Desde pequeño uno pensaba, en su supina ignorancia musical, que Extremoduro era un grupo heavy que “cantaba” usando más palabrotas y palabros que palabras…

Hasta que de repente, hace poco más de un año, escucho en la Parroquia del Monaguillo, que Dios tenga en su gloria, su canción “Si te vas…” y me llevo una bofetada de realidad de la que aún sigo tocado.

Creo que no hay definición de amor más perfecta que la que se da en esta canción, y cuidado que soy más de Serrat que el propio Sabina. O sea, que he escuchado auténticas obras de arte sobre el tema, pero aquí Robe hace con nosotros lo que quiere y tan pronto nos evoca esa relación que tenemos más idealizada en el recuerdo, como aquella que nos dejó un vacío en el pecho que jamás volveremos a llenar.

Antes de dejaros con la canción y su letra, telita de letra por cierto, quiero finalizar el post con esta maravillosa frase, sobre el amor, de Umberto Eco que escuchamos de boca de Sean Connery en “El nombre de la rosa”, y a la que le tengo un especial cariño:

“Qué pacifica sería la vida sin amor, Adso. Qué segura. Qué tranquila. Y qué insulsa”

Se le nota en la voz, por dentro es de colores,
y le sobra el valor que le falta a mis noches.
Y se juega la vida
siempre en causas perdidas.


Ojalá que me la encuentre ya entre tantas flores.
Ojalá que se llame amapola,
que me coja la mano y me diga que sola...
No comprende la vida, no.
Y que me pida más más más más, dame más.
Y que me pida.


Es capaz de nadar en el mar más profundo.
Igual que un superhéroe, de salvar al mundo.
Donde rompen las olas
salva una caracola.


Ojalá que me despierte y no busque razones.
Ojalá que empezara de cero,
y poderle decir que he pasado la vida
sin saber que la espero, no.
Y sin que me pida más más más más, dame más.
Sin que me pida.


Si te vas
me quedo en esta calle sin salida, sin salida.
Que este bar
está cansado ya de despedidas, de despedidas.


Como un extraterrestre se posa en el suelo
y me ofrece regalos que trae de otros cielos.
Le regalo una piedra
recuerdo de la Tierra.


Me pregunta por qué el hombre inventó la guerra.
Y en silencio pregunta aún de cosas más serias.
Yo me pongo palote
sólo con que me toque.


"¿Dónde vamos tan deprisa?",
me pregunta su sonrisa.
Si tú quieres, tengo el plan:


Caminar, salga que salga el sol,
por donde salga el sol,
que no me da.


Y llegar hasta tu corazón,
salvo que salga el sol,
por donde salga el sol.


Si te vas
me quedo en esta calle sin salida, sin salida.
Que este bar
está cansado ya de despedidas, de despedidas.


Si he tardado y no he venido,
es que ha habido un impedimento.
Me llevaron detenido
para hacer un declaramiento.


He robado, he mentido,
y he matado también el tiempo.
Y he buscado en lo prohibido
por tener buenos alimentos.


Y es que la realidad
que necesito
se ha ido detrás
de ese culito.


Que delante de mi
se paró por fin
un día con una noche oscura,
esperando por ver si saliera la luna.


Déjate querer,
dímelo otra vez,
un día con una noche oscura,
esperando por ver si saliera la luna.


Si te vas
me quedo en esta calle sin salida, sin salida.
Que este bar
está cansado ya de despedidas, de despedidas.


Ay luna, ay luna.


Quédate muy cerca de mí,
así los dos, dulce madrugada.
Mírame y vuelve a sonreír,
que sino, yo no comprendo nada.


Si te vas
me quedo en esta calle sin salida, sin salida.
Que este bar
está cansado ya de despedidas, de despedidas.


Si te vas
me quedo en esta calle sin salida, sin salida.
Que este bar
está cansado ya de despedidas, de despedidas.

 

Dirty Dancing

No permitas que nadie te arrincone

“No permitiré que nadie te arrincone”. Así despachaba Patrick Swayze a los padres de Baby en la película “Dirty Dancing”.

Y es que vivimos en una época maravillosa en la que la gente puede ser lo que quiera y encima gritarlo a los cuatro vientos, sin miedo a ser apedreados después en la redes sociales.

Puedes por ejemplo ser hetero, homo, bi, trans… en cuanto a tendencia sexual se refiere. Puedes escuchar rap, reggaeton, o hasta a Luis Aguilé en cuanto a posibles gustos musicales. Eso sí, de religión, política o fútbol aún no estamos preparados para dialogar, y seguro que esos que se auto-proclaman defensores de la libertad no te dejarían expresar tus sentimientos, gustos u opiniones. You know, haters gonna hate.

Hace 20 años, cuando estaba a punto de cumplir la mayoría de edad, me daba una vergüenza tremenda que me vieran por la calle con mi habitual compra mensual de cómics. De aquella en los colegios no había bullying, bueno sí, pero no sabíamos que se llamaba así. Era todo mucho más sencillo: te daban o dabas una colleja, te llamaban o llamabas bicho raro y al carrer. Imagínate si decías que escuchabas Mecano en la intimidad, que veías “Candy Candy” con tu hermana o que preferías leer las aventuras de un tío en pijama que se creía una araña antes que ir a los billares…

Pues hoy, con una hija pequeña y treinta y siete años a las espaldas, puedo decir no sé si con orgullo, pero al menos sí sin esa vergüenza de antes, que sí, que me encantan los cómics, todo lo que tenga que ver con “Star Wars”, las consolas, que colecciono figuras, que me apasiona dibujar, que soy más de los ochenta que Espinete y más friki que Stan LeeSheldon Cooper juntos.

Así que, no dejes que nadie te arrincone, se feliz con lo que te haga feliz y al que no le guste, que mire para otro lado.

Separador

Por cierto, ya que estamos y volviendo al primer párrafo de este post, he de reconoceros uno de mis primeros placeres culpables. Ese que debo, junto a otros muchos, a mi hermana María, que me hizo verla innumerables veces en el VHS familiar: “Dirty Dancing”.

Sé que no es una película que te hace pensar en la evolución de los personajes, o en el mensaje que nos quiere transmitir el autor, pero que queréis que os diga soy romántico por naturaleza, me trae a la memoria muchos recuerdos de infancia y encima su banda sonora es genial de principio a fin.

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Lo hizo un mago

La suspensión de la incredulidad es, simple y llanamente, cuando nosotros como espectadores de una obra, ya sea viendo una película o leyendo un libro, dejamos de lado toda lógica y aceptamos incoherencias o incompatibilidades de nuestro mundo con el de la obra en cuestión. Es decir, que nos tragamos lo que nos echen y además lo aceptamos de buena gana, porque lo vemos natural en ese universo que han creado para nosotros.

Por eso cuando los no crédulos ven algo que chirría y preguntan al autor por las redes sociales, o a su prima la de Albacete, por qué pasa eso o aquello, simplemente hay que decirles: “Lo hizo un mago”.

Eso sí, hay casos y casos. Pongamos como ejemplo el de la imagen destacada de este post. Yo estoy viendo Superman, la buena, la de Christopher Reeve, y veo que la única diferencia, aparte de llevar los calconzillos por fuera, entre él y Clark Kent, su identidad secreta, es un rizo y unas gafas de pasta negras. Pues yo me paso los primeros cinco minutos de la escena de su primer día en el Daily Planet gritando: “¡¿Pero no veis que es el mismo tío?!” Luego ya veo que la tele no me contesta y me callo.

Es decir, me saca de la película. Si, sé que me estoy tragando que este tío es un alienígena con superpoderes que viene a la Tierra porque su planeta explota blablabla, pero es que yo he aceptado ese Universo que me presentan y creo en sus reglas, pero me cuesta mucho creer que haya una regla que sea que todos los habitantes de ese planeta Tierra de ficción sufran la enfermedad de “pontegafasdeozoresqueyonotereconoceré”.

Otro ejemplo: “¡Vaya fantasmada!”, eso decía de zagal cuando en mis adoradas películas de James Bond, veía al agente británico caer de un avión, abrir en el aire una balsa salvavidas, caer con ella en una montaña nevada y ponerse a hacer eslálones entre los árboles, mientras dispara a los malos, sin arrugarse el smoking ni despeinarse un poquito ese pelazo que tan loca volvía a su querida señorita Moneypenny.

Pues todo este rollo que os he contado, viene a que la semana pasada viendo el principio del cápitulo 7×05 de Juego de tronos, titulado “Guardaoriente”, <<<ALERTA SPOILER>>> observamos a Jaime Lannister y a Bronn salir del fondo del lago al que cayeron para salvarse de la llama del dragón, con armaduras y brazo de oro incluido, como bien vimos en el último fotograma del capítulo anterior, sin que ni se ahogasen, ni tuvieran a reina, dragón, enano o dothraki alguno alrededor del lago esperando, aunque fueran dos minutitos de su tiempo, por si al guionista de turno de la serie se le ocurría salvarles a última hora de ese genial cliffhanger, usando una brillante estratagema como ésta de… lo hizo un mago.

The Groundhog Day

Todo el tiempo del mundo en sus manos

“El día de la marmota”, era una de esas películas, como “Cadena perpetua” o “Stargate”, que si me la encontraba en la tele mientras hacía zapping (sí, estoy hablando en tiempo pasado a sabiendas sobre esa forma de ver la televisión que ya no practico), me ponía a verla la pillara donde la pillara. Es de esas películas que nunca cansa. Cosa que entiendo de mucho mérito, pues hoy en día alguna ya cansa en la propia sala de cine.

También, siempre que la veo, pienso en la tortura que tiene que ser para Phil Connors, personaje interpretado por Bill Murray, el tener que vivir en bucle durante tantos años el mismo día. Porque, no nos engañemos, no es como Connor MacLeod en “Los inmortales” que pudo disfrutar de sitios y épocas distintas. Phil, se despertaba en un sitio que no le gustaba, rodeado de gente que no le gustaba y que encima repetía las mismas cosas todos y cada uno de los días.

Claro, al principio entre que te acostumbras a las cosas, o empiezas a jugar con las posibles consecuencias de tus acciones, ya sea para volverte rico, comer lo que sea, acabar en la cama de la chica más sexy del pueblo… hasta ahí todo es diversión, pero cuando pasan los años y se te acaban las opciones ya no es lo mismo… Menos aún, cuando ya preso de la desesperación optas por quitarte la vida y ves que eres inmortal. Que al morir, sea como sea, porque mira que lo intenta de distintas formas, siempre acabas despertando a la misma hora, en la misma cama y sí, en el mismo día: el día de la marmota.

Por otro lado, y más ahora viendo mi alarmante falta de tiempo libre, siempre pensé que sería genial usar todo ese tiempo, como hace Phil casi al final de la película, para aprender a tocar el piano, estudiar medicina, esculpir esculturas de hielo… Eso sí, en mi caso lo usaría para leer, dibujar, estudiar más en el campo de la postproducción y pasar más tiempo con mi preciosa hija.

Así que, como no creo que nunca vaya a tener mi particular día de la marmota, lo mejor será que acabe este post y disfrute al máximo de mi limitado tiempo.

Nostalgia by Maria ROCO

Removiendo sentimientos

Supongo que eso es lo que todo artista busca, que su obra le despierte sentimientos al “receptor” de la misma. ¡Pues vaya si lo ha conseguido conmigo el señor Javier Ruibal con su album “Lo que me dice tu boca”!

El coquinero (gentilicio folclórico del Puerto de Santa María) es capaz, con canciones como “De Malaga malagueñito” o “Fugitivos de Hamelín”, de sacar de mí una alegría incontenida, haciéndome incluso cantar y palmear en plena calle a las ocho de la mañana cuando voy camino de la oficina; para al poco arrebatármela de golpe y mandarme a la lona, que diría Serrat, con títulos como “Tu nombre”. Luego ya uno lo lleva a sus vivencias, a lo que tiene a flor de piel y “disfruta” con maravillas como “Atunes en el paraíso” o “Para llevarte a vivir”.

En resumen, un gran abanico de emociones y sentimientos: ganas de comerte el mundo (y lo que no es el mundo), de llorar, de amar, de echar y echarse cosas en cara… en definitiva, de vivir. Todo ello regado con talento para exportar y múltiples estilos musicales: flamenco, jazz, ritmos latinos, arabes… hasta carnavaleros.

Si después de esto no os han entrado ganas de pinchar aquí y escuchar varias de las canciones de este album que tiene en su canal de YouTube, es que o yo doy pena como comercial o vosotros no tenéis corazón.